4.01. LA ANTIGUA MESOPOTAMIA Y LA BIBLIA

Mesopotamia significa "la tierra entre los ríos".


En ella floreció la civilización más antigua del mundo. El nombre de sus dos ríos - Eufrates y Tigris - se menciona en relación con el paraíso (Gén. 2:14), y su llanura de Sinar vio la edificación de la primera ciudad y torre (Gén. 11:4), antepasados de tantas torres que sirvieron como templos en tiempos posteriores. La arqueología confirma la antigüedad de la cultura de Mesopotamia.

En contraste con Egipto, la vasta tierra de Mesopotamia casi no tiene restos de monumentos sobre el terreno. No hay templos ni pirámides, no hay esbeltos obeliscos, ni tumbas cavadas en la roca, que contengan coloridas pinturas murales que inciten al turista moderno a visitar esta tierra de cultura y conocimiento de la antigüedad.


Todas las ciudades de antaño están completamente destruidas y sus palacios y templos han estado cubiertos por los escombros y la arena de muchos siglos.


Poderosas capitales, como Babilonia y Nínive, que una vez fueron las mayores ciudades de la antigüedad, quedaron tan completamente destruidas y prácticamente raídas, que hasta su ubicación fue olvidada.


Ciertamente, hace poco más de 200 años los pensadores podían preguntarse si alguna vez existieron esas ciudades de las cuales tanto hablaba la Biblia y que también fueron mencionadas y descritas por los autores clásicos.


Nínive puede servir para mostrar cómo habían sido completamente olvidadas esas ciudades, aun en los tiempos antiguos.

Cuando Jenofonte con sus diez mil griegos pasó por las ruinas de aquella ciudad, en 401 AC, sólo unos dos siglos después de su destrucción, no había nadie en aquella zona que pudiera darle el nombre verdadero de la antigua ciudad. En realidad, se le dijo que aquella localidad una vez había sido llamada "Mespila" y que había sido una ciudad de los medos.

El ateniense Luciano, escritor del siglo II de la era cristiana, exclamó: "Nínive está tan completamente destruida, que nadie puede decir dónde se levantó una vez; no han quedado rastros de ella".

Por lo tanto, a comienzos del siglo XIX era natural que los eruditos se preguntaran si era posible que hubieran desaparecido completamente grandes ciudades. Decían que algunas grandes ciudades pueden ser destruidas, pero no sin dejar rastros. Roma, Atenas, Tebas, Jerusalén y otras ciudades han sido destruidas, pero nunca se perdió su ubicación y fueron reedificadas. Pero, ¿dónde está Nínive y dónde está la gran Babilonia de la antigüedad?