4.06. Nínive y sus restos

Los viajeros habían recogido ocasionalmente piedras, ladrillos u otros objetos antiguos con inscripciones, de los montículos de ruinas de la Mesopotamia; sin embargo pertenece al arqueólogo francés Pablo Emilio Botta el honor de ser el primer arqueólogo moderno que excavó uno de los antiguos solares de Babilonia.

Comenzó sus excavaciones en Kuyundyik sin conocer que ése era el lugar de la antigua Nínive. Ese sitio, ubicado cerca de la moderna Mosul, al otro lado del Tigris, no suministró las recompensas esperadas y Botta transfirió sus actividades a Korsabad, donde descubrió el palacio del rey asirio Sargón.

Tres años más tarde Austen Enrique Layard se unió con Botta, quien excavó Nimrud - Cala de la Biblia. Layard, quien al igual que Botta sabía cómo popularizar la arqueología, encontró numerosos relieves en piedra, enormes toros con cabeza humana, leones y otras esculturas, marfiles y otros objetos de valor.

Su prolífica pluma produjo libros como Nineveh and Its Remains (Nínive y sus restos), que llegó a ser un éxito de librería en sus días ya que mereció varias ediciones y se tradujo a diversos idiomas modernos.

Cuando llegaron a Londres los artefactos de Layard, donde se convirtieron en el núcleo de aquella famosa colección de antigüedades asirias que hace que el Museo Británico sea uno de los mejores de su clase, se despertó mucho entusiasmo por la arqueología de la Mesopotamia.

Se emprendieron con éxito varias expediciones más, y Layard y su sucesor, Hormuz Rassam, excavaron en una cantidad de lugares realizando descubrimiento tras descubrimiento. Lo más sensacional consistió en el hallazgo de dos grandes bibliotecas de Nínive, con más de diez mil tablillas de arcilla numeradas, que habían formado las bibliotecas de Asurbanipal y el templo de Nebo.