6.10. Excavaciones en Jericó

Entre los lugares que merecen una mención especial debido a su importancia para el estudiante de la Biblia está Jericó, que durante años conservó el primer lugar en el interés general.

Juan Garstang, ex director del Departamento de Antigüedades de Palestina, recomenzó en 1930 excavaciones hechas previamente en Jericó (1907-1909) por Sellin y Watzinger.

En una capa del montículo, Garstang informó haber hallado murallas de la ciudad que habían caído y sobre las cuales una vez hubo casas (cf. Jos. 2: 15): una comprobación arqueológica excepcional que no se encontró en otro lugar.

También informó haber hallado evidencias de que la destrucción había sobrevenido súbitamente y que la ciudad fue sistemáticamente quemada después de que cayeron las murallas.

Garstang estaba convencido de haber descubierto las ruinas de la Jericó de Josué. Pero su fecha para la caída de esas murallas (c. 1400 AC) ha sido ubicada varios siglos más atrás por los hallazgos de una expedición dirigida por la Dra. Kathleen M. Kenyon, en Jericó.

Esta expedición desenterró una parte de la pared y el piso de una casa, con un horno y una vasija pequeña, lo que al parecer formaba "parte de la cocina de una mujer cananea, la que podría haber dejado caerla vasija junto al horno al escapar cuando oyó el sonido de las trompetas de los hombres de Josué" (Kathleen M. Kenyon, Digging Up Jericho [Excavación de Jericó], pág. 263).

Al parecer toda la ciudad de ese período histórico (y partes de los restos de niveles anteriores) fue destruida por la erosión. Sin embargo esto no debería sorprender a nadie. Las estructuras de ladrillos deleznables hechos de barro no fueron preservadas por construcciones posteriores, porque Jericó permaneció deshabitado durante siglos después de los días de Josué (Jos. 6: 21).

Por eso los restos de la ciudad fueron completamente barridos por las lluvias torrenciales del invierno. Sin embargo, la única casa encontrada y piezas de alfarería halladas en un cementerio fuera de la ciudad, revelan que Jericó estaba habitada en el siglo XIV AC.