12.11. El Diluvio - I

En el primer libro de la Biblia (Génesis, capítulos 6-8) se narra la destrucción de la tierra y sus habitantes mediante el diluvio. El hombre se había corrompido tanto –afirma el registro bíblico – que Dios decidió destruir toda la raza humana.

Unicamente una família, la de Noé, halló gracia en los ojos de Dios, por cuya causa se trazaron planes divinos para salvar a esta gente justa. A Noé le fue ordenado construir un arca 120 años antes de que comenzara el diluvio.

Cuando terminó este periodo, Noé entró en el arca junto con su familia y las parejas de todos los animales que había sobre la tierra.

Entonces comenzó el diluvio, y las lluvias torrenciales duraron cuarenta dias y cuarenta noches. Las aguas cubrieron completamente la tierra y destruyeron a todas las personas que no estaban dentro del arca.

Cuando las aguas se retiraron de la tierra, el arca se posó sobre el monte Ararat, en Armenia. Noé esperó algún tiempo, y luego decidió saber cuánto había bajado el agua. Entonces soltó un cuervo, y más tarde una paloma; cuando ésta ya no regresó más al arca, Noé se dio cuenta de que la tierra estaba seca. Abrió luego la puerta del arca y salió, y junto con él los animales que estaban dentro.

Noé expresó su gratitud a Dios por haberlo salvado, levantando un altar y ofreciendo sacrificios, los cuales fueron aceptados por Dios, quien hizo un pacto con él.

En muchos pueblos, continentes e islas de toda la tierra hay relatos acerca de un diluvio destructor, en el cual pereció la mayoría de los habitantes de la tierra y sólo se salvaron unos pocos. Pero ninguno de estos relatos es tan parecido a la narración bíblica como la historia babilónica del diluvio.

Esta narración, preservada en forma escrita, tiene una antigüedad de más de tres mil años y procede de un lugar geográfico que se encuentra muy próximo al lugar en donde el arca reposó después del diluvio.