15.04. El período de los jueces - El hombre que perdió la camisa

Otro documento contemporáneo del período de los jueces es una carta satírica escrita por un enviado egipcio en el siglo XIII a.C. Esta carta describe las vicisitudes de un enviado real mientras viajaba por países extranjeros, y revela, en particular, que su autor estaba bien familiarizado con la tierra de Canaán y sus condiciones prevalecientes. (Ver más detalles en "6.16. Condiciones durante el período de los jueces", en el blog "Marco histórico del AT".

El escritor se queja no sólo acerca de las terribles condiciones de los caminos y de los terrenos difíciles de Palestina por los cuales había viajado, sino también acerca de sus habitantes, quienes, según él, eran salvajes y cuya apariencia le hizo erizar el cabello.

Manifiesta estar disgustado por los constantes robos que ocurrían en la noche y la inutilidad de sus siervos. Sin embargo, él mismo estaba bastante lejos de ser un modelo de virtudes, pues menciona una aventura ilícita con una joven nativa a quien encontró cuidando un jardín. Fue descubierto, llevado delante de un juez, y tuvo que "vender su camisa de fino lino del Alto Egipto" para pagar la multa a que fue sentenciado.

Aquí encontramos a un hombre que literalmente perdió su camisa para poder escapar.¹

Tanto el informe de las experiencias de Wenamón como esta carta aclaran las condiciones inestables de Canaán durante el período de los jueces cuando "cada uno hacía lo que bien le parecía".
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¹ La traducción de esta carta satírica hecha por Wilson se encuentra en Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, págs 475-479.

15.03. El período de los jueces - Wenamón (o Wen-Amón)

Se han encontrado unos pocos registros procedentes de este período, los cuales tratan de Palestina y pintan el mismo triste cuadro de anarquia, inseguridad y falta de autoridad central y uniforme descrito en la entrada anterior.

Wenamón (o Wen-Amón), vasallo del rey de Egipto, fue enviado por su señor a la ciudad de Biblos a comprar madera de cedro del Líbano para construir un barco para procesiones religiosas. El viaje de este cortesano egipcio tuvo lugar alrededor del año 1100 a. C., cerca del final del período de los jueces de Israel. Wenamón salió de Egipto para Biblos en un barco extranjero. Su barco se detuvo en Dor, en la costa de Palestina. Aquí le robaron todo el dinero a Wenamón. Se quejó por esto al príncipe de Dor, pero no pudo obtener satisfacción alguna, porque el príncipe rehusó asumir responsabilidad alguna ya que el robo había ocurrido en un barco extranjero. Antes de continuar su viaje Wenamón robó un saco de plata, el cual llevó consigo a Biblos.

Llegó a esa ciudad, pero no pudo obtener una entrevista con el príncipe del lugar, antes bien el capitán del puerto le pedía todos los días que abandonara la ciudad. Wenamón finalmente se dio cuenta que no podría cumplir con su misión, así que decidió buscar un barco y regresar a Egipto. Cuando se embarcaba, un criado del príncipe de Biblos rogó a su señor en forma vehemente que no dejara partir al mensajero de Egipto sin haberlo visto; por lo tanto, se avisó al capitán del puerto que impidiera que Wenamón partiera ese día.

Wenamón no estaba dispuesto a detenerse, pues creía que podía ser asesinado; pero cuando se pidió también al capitán del barco que no zarpara, el viajero se quedó y le fue concedida una audiencia el próximo día en el palacio del rey de Biblos. Allí se le hizo una recepción bastane humillante, pero finalmente tuvo éxito en conseguir una decisión favorable del rey, pues le fueron dadas unas pocas vigas de cedro para que las llevara a Egipto.

Wenamón prometió al rey escribir a su señor para que enviara productos egipcios como pago por la madera solicitada. Lo hizo, y meses más tarde llegó un barco egipcio. Entonces la madera solicitada fue cortada en el Líbano y traída al puerto, en donde se embarco en presencia del rey. De nuevo hubo algunas observaciones humillantes. Wenamón cargó la madera en los barcos, pero para su horror se dio cuenta de que no podía zarpar porque habían llegado barcos de la ciudad de Dor para apresarlo y someterlo a juicio por la plata que se había robado.

Wenamón, completamente abatido, se sentó y lloró. Cuando el rey de Biblos escuchó esto, envió a una de sus jóvenes bailarina egipcias para alegrarlo. También envió a buscar a los capitanes de los barcos de Dor, y les amonestó diciéndoles que él no podía permitir que arrestaran a Wenamón, su huesped, en sus águas territoriales; pero que podían apresarlo mar afuera. Entonces los barcos de Dor navegaron hacia el sur y permanecieron a la espera de Wenamón, pero este se les adelantó navegando hacia el noroeste en dirección a Chipre.

Tan pronto como desembarcó en Chipre, fueron atacados por los nativos de esta isla. Con mucha dificultad pudo obtener una audiencia con la reina, a quien Wenamón hizo esta interesante declaración: "¡Señora, he oído en lugares tan lejnos como Tebas, el lugar en donde está (el dios) Amón, que se hace injusticia en todas las ciudades, pero que se hace justicia en la tierra de Alashiya (Chipre). Sin embargo aquí se hace injusticia todos los días!"² La reina entonces tomó medidas de seguridad concernientes a la permanencia del viajero en la noche.

Desafortunadamente, el papiro se interrumpe en este punto y nos deja sin información con respecto a las siguientes aventuras de Wenamón.

Como este documento parece ser el informe original de Wenamón al rey de Egipto, después de su regreso a su tierra, es obvio que sobrevivió y aun consideró su misión como un éxito, pues, de lo contrario, no poseeríamos este manuscrito.

Aunque la historia es bastante interesante en sí misma, es especialmente importante como un documento contemporáneo del período de los jueces. Revela las condiciones difíciles bajo las cuales la gente vivía, comerciaba y viajaba; y muestra que la falta de una autoridad central causaba muchos problemas aun a los oficiales enviados por los diversos países, como en el caso mencionado de Egipto, país que anteriormente había desempeñado un poderoso papel en Palestina, pero que ahora se hallaba en la impotencia.
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¹ Ver también, en Marco Histórico del AT,: Condiciones durante el período de los jueces.

²
Wilson, Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, p. 29. Aquí también se encuentra traducida, por este mismo autor, tal como se ha presentado, la historia de Wenamón (págs. 25-29).

15.02. El período de los jueces - "Cada uno hacía lo que bien le parecía"

Este período de condiciones sociales y políticas inestables e inciertas, en el cual los israelitas también pasaron alternadamente por períodos de libertad y esclavitud, de fervor religioso y debilidad, de ánimo y desastre, está bien descrito por el autor del libro de los Jueces con las siguientes palabras:

"En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía" (Jueces 21: 25).

Además, algunas de las narraciones de este libro reafirman lo dicho. Algo típico de estas condiciones se encuentra en la historia del levita, que junto con su concubina, viajaba desde Belén hasta las montanhas de Efraín, su tierra, y tuvo que pasar la noche en Gabaa.¹

Cuando el hombre llegó a esta ciudad , como no pudo encontrar en dónde pasar la noche, decidió dormir en la calle. Pero un anciano, extranjero también en esa ciudad, que venía del campo, vio al levita desamparado en la calle y le dijo que era demasiado peligroso pasar la noche a la intemperie, y lo invitó a su propio hogar. Muy pronto los habitantes de Gabaa vinieron y pidieron que saliera el levita para practicar actos inmorales. El anciano rogó por él, pero estos hombres malvados sólo quedaron satisfechos cuando les fue entregada la concubina del levita. La violaron durante toda la noche, con el resultado de que la pobre mujer murió la próxima mañana. Por causa de este terrible incidente se desató una guerra fraticida entre los benjamitas, tribu a la cual pertenecía Gabaa, y el resto de las tribus de Israel (Jueces 19-21).

La historia de la migración de los danitas, quienes robaron los ídolos de Micaía (Jueces 18), y las narraciones de las aventuras de Sansón (Jueces 13-16), describen la condición anárquica que parece haber prevalecido por toda la tierra durante el período de los jueces.
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¹ Mas tarde Gabaa llegó a ser importante por ser el hogar de Saúl, el primer rey de Israel, y lugar de su residencia durante todo su reinado (1 Samuel 10: 26; 15: 34; 22: 6; 23: 19).

15.01. El período de los jueces - Introducción

Aún no se han encontrado registros escritos que arrojen luz directa sobre el éxodo o el período de los jueces. Los egipcios nunca registraron sus desgracias y derrotas, por cuya razón es muy improbable que alguna vez pueda encontrarse evidencia escrita acerca de las diez plagas, el éxodo de los israelitas desde Egipto y la catástrofe de los egipcios en el Mar Rojo.

La falta de registros escritos del período de los jueces es, sin embargo, de naturaleza completamente diferente. Durante ese tiempo los israelitas hicieron esfuerzos decididos para establecerse en la tierra de Canaán, adonde hacía poco habían llegado. Israel no era aún una nación: era sencillamente una federación de tribus inconexas, y politicamente era tan débil que cada una de las naciones vecinas, en un momento u otro, se constituyeron en sus amos y dominadores.

Sin embargo, Canaán no era el único país que experimentaba graves problemas de desasosiego político y social. Este período fue un tiempo de gran inestabilidad en todo el Cercano Oriente. Egipto pasó por un período de debilidad política, y las naciones del norte: Asiria, Babilonia y los hititas, se encontraban también bastante débiles. (Véase el blog Marco Histórico del AT).

A esto debe agregarse una amenaza a todo el Cercano Oriente por la emigración de los "pueblos del mar", tribus procedentes del oeste, de las islas y de las regiones costeras del área central y occidental del mar Mediterráneo. Primero derrotaron y destruyeron el imperio hitita, y luego a muchas ciudades fenícias. Entre las tribus invasoras estaban los filisteos, quienes, con el tiempo, se establecieron en la costa sur de Palestina, y por centurias se constituyeron en uno de los más odiados enemigos de los israelitas.

14.12. Las costumbres patriarcales ilustradas - conclusión

Las mencionadas en las entradas anteriores son algunas de las muchas costumbres culturales y sociales que existieron en el período de los patriarcas hebreos, y cuyos estrechos paralelos pueden encontrarse en los registros no bíblicos de esa época. Algunas de ellas existieron también en otros períodos, pero la mayoría no estuvieron en boga más que durante las centurias en las cuales vivieron los patriarcas.

Debe dejarse bien claro que los registros seculares antiguos no prueban la historicidad de los patriarcas, porque no se han encontrado documentos contemporáneos en los cuales se mencione por nombre, aunque sea uno de los patriarcas, o los sucesos en los cuales se encontraron. Sin embargo, estos registros han hecho posible creer en la historicidad de los patriarcas, porque todo su ambiente social y cultural, tal como se lo presenta, sólo pudo ser descrito por un autor contemporáneo.

El profesor E. A. Speiser de la Universidad de Pennsylvania, uno de los muchos eruditos que han defendido esta opinión, emitió el siguiente parecer hace unos cuantos años:

"No hay razón ahora para dudar de la autenticidad del ambiente general de las narraciones patriarcales. En cuanto a los hechos, los descubrimientos recientes han aumentado grandemente nuestro respeto por su exactitud esencial. No se trata, pues, de la historicidad de los personajes envueltos; lo que es de importancia en esta conexión es el hecho de que vidas como las de ellos (los patriarcas), llenas de incidentes aparentemente insignificantes, pueden ahora ser reproducidas o reconstruídas casi paso a paso, por medio de una cantidad de escritos cuneiformes que datan desde la primera mitad del segundo milenio a. C." E. A . Speiser, "Ethnic Movements in the Near East", Annual of the American Schools of Oriental Research, vol, 13, (1933), p. 43.

Él estaba en lo cierto, pues nuevos e importantes descubrimientos lo apoyan solidamente, pero hablaremos de eso en una próxima oportunidad.