2.01. LA ARQUEOLOGIA EGIPCIA

Cuando hablamos de Egipto, surge ante nuestros ojos un país donde floreció una de las más antiguas civilizaciones, principalmente el largo y angosto valle de un río que, en el mapa, parece una serpiente, con un promedio de unos ocho kilómetros de ancho y unos 800 de largo.

Este país - sobre el cual una vez José fue primer ministro y donde recibió su educación Moisés, el dador de la Ley – es una tierra de contrastes. El 99% de la población vive en un 3% de su suelo; el resto es desierto. "Egipto es un don del Nilo", dijo Herodoto. La estrecha franja de tierra fértil siempre ha debido su vida a ese río, puesto que la completa ausencia de lluvias ha forzado a su población a depender de la inundación anual del Nilo.

La excepcional sequedad del clima es la causa de la preservación de muchos edificios y de una enorme cantidad de material perecedero que en otros países se hubiera desintegrado hace mucho. Más todavía, ninguna nación antigua poseyó mayores arquitectos y constructores que Egipto. Sus fascinantes monumentos de piedra - pirámides, obeliscos y templos - han sobrevivido a los milenios y son todavía testigos elocuentes del notable arte de ingeniería de los antiguos egipcios.