2.03. LA RESURRECCIÓN DEL ANTIGUO EGIPTO

Lado a lado con la investigación lingüística marchó el trabajo de los arqueólogos efectuado sobre el terreno. Esto fue realizado en la primera mitad del siglo XIX por expediciones de investigadores que copiaron las inscripciones de los templos y describieron todos los restos visibles del antiguo Egipto. La más importante de ellas - la gran expedición prusiana de 1842-1845, encabezada por Lepsius, copió y describió casi todo lo que estaba a la vista en Egipto. Después aparecieron los resultados en 12 monumentales tomos que difícilmente hayan sido sobrepasados jamás en tamaño; cada uno mide 75 por 60 cm.

No se hizo ninguna excavación sistemática durante la primera mitad del siglo XIX. Tan sólo los lugareños excavaban y vendían una buena cantidad de antigüedades a los representantes de los grandes museos de las naciones europeas, que durante ese tiempo formaron ricas y fabulosas colecciones.

Un cambio se produjo con el nombramiento de Mariette para que encabezara el nuevo Departamento de Antigüedades del gobierno egipcio. Debido a su buena fortuna, mientras buscaba manuscritos cópticos, él descubrió el serapeo, el templo donde eran guardados y sepultados los toros sagrados.

Mediante perseverancia, rudeza y aun el uso de la fuerza, consiguió que se eliminaran las excavaciones ilegales, y concentró el control de ellas en sus manos y en las de sus subordinados. Durante su tiempo, comenzó a fluir hacia el Museo de El Cairo el fabuloso tesoro del antiguo Egipto que hoy se ha convertido en la mayor colección de arte antiguo egipcio, del mundo.

Durante los 31 años de la administración de Mariette se realizó un gran descubrimiento: el lugar secreto que había albergado a un gran número de los famosos faraones durante más de 3.000 años. Sus tumbas habían sido saqueadas en la antigüedad, y un piadoso rey había coleccionado las momias de sus ilustres predecesores y las había depositado en una caverna artificial, en un lugar alto de los riscos del desierto occidental, cerca de Tebas, la capital del Alto Egipto.

De esa cueva procedió el cuerpo del gran guerrero Tutmosis III que conquistó toda Palestina a comienzos del siglo XV AC, y probablemente fue el faraón de la opresión de los israelitas. También estuvieron allí Ramsés II, el héroe de la batalla de Kadesh contra los hititas, la momia de Ramsés III, que se convirtió en el salvador de Egipto cuando los pueblos del mar amenazaron invadirle en el siglo XII.

Con ellos hubo muchos otros monarcas de renombre y fama. Durante muchos años, los cuerpos sin ataduras y desnudos de esos hombres - delante de los cuales habían temblado las naciones y que habían sido adorados como dioses por sus contemporáneos - fueron exhibidos en el Museo de El Cairo en vitrinas de vidrio: mudos e impresionantes testigos de la gloria y el poder pasajeros del mundo. Ahora pueden verse únicamente en una sala especial del museo.