5.02. El relato babilonio del diluvio - I

El descubrimiento del relato babilonio del diluvio hecho por Jorge Smith en 1872 y su impacto en el mundo religioso de ese tiempo ya ha sido mencionado.

Sin embargo, el relato mismo lo describiremos aquí con algunos detalles, porque la tradición babilonia del diluvio recuerda el relato bíblico más que cualquier otra narración diluvial jamás descubierta.


El relato del diluvio babilonio es parte de un gran poema épico, en el cual se describe a su héroe, Gilgamés, como yendo en busca de la vida eterna. Durante su búsqueda de la "hierba de la vida", visitó el otro mundo [mundo inferior].

Allí se encontró con Utnapistim, el héroe babilonio del diluvio, quien le narró el relato del diluvio y su liberación de él y cómo se le había dado un lugar entre los dioses.

Utnapistim había sido rey de Shuruppak [hoy Fara], sobre el Eufrates, cuando los dioses decidieron destruir a toda la gente por sus pecados.

Se le informó a Utnapistim que desarmara su casa y construyera un barco, cuyas medidas le fueron dadas, y que entrara en él llevando consigo toda clase de seres vivientes.

Sin embargo, se le ordenó que engañara a sus prójimos diciéndoles que el dios Marduk lo había maldecido y que no podía vivir más en el territorio de Marduk, sino que debía alejarse de allí navegando.

Este punto en el relato babilonio presenta una de las mayores diferencias en comparación con el registro bíblico. En vez de amonestar a sus semejantes durante un lapso de muchos años - como lo hizo Noé -, el héroe de la tradición babilonia fue usado por los dioses para engañar a los antediluvianos convirtiéndolos así en fáciles víctimas de la destrucción venidera.

Después de que Utnapistim construyó el barco y lo cargó con provisiones y animales y embarcó a su familia, entregó su manejo al mareante Puzur-Amurri. Inmediatamente comenzó el diluvio.

La tormenta e inundación fueron tan tremendas que los mismos dioses se alarmaron por la catástrofe que habían desatado sobre el mundo. "Los dioses estuvieron asustados por el diluvio, y ascendieron retrocediendo hasta el cielo de Anu. Los dioses, agachados como perros, se agazaparon contra el muro exterior".

La gran tormenta duró seis días y seis noches y exterminó a todos los seres vivientes, que "volvieron a la arcilla".

Cuando Utnapistim vio la inmensa destrucción, se arrodilló y lloró.

Después de otro día, se vio una isla y el barco tocó la cima del monte Nisir.

Utnapistim esperó una semana, y el séptimo día envió una paloma. La paloma regresó al no encontrar lugar donde posarse.

Luego envió una golondrina, con los mismos resultados.

La tercera ave, un cuervo, no volvió.

Entonces Utnapistim, reconociendo que se había secado la tierra, salió del arca y ofreció un sacrificio. Los dioses olieron con deleite el aroma del sacrificio. Posteriormente, lo recompensaron con la inmortalidad y lo colocaron entre los dioses.