11.00. La resurrección de la Arabia antigua

Arabia, considerada por muchos eruditos como la cuna de la civilización, ha sido un país más o menos cerrado para los exploradores debido al fanático exclusivismo de su población musulmana.

La exploración de sus antiguas ruinas no es menos importante que la de otros países del Cercano Oriente debido a las muchas relaciones que han tenido los pueblos árabes con los países colindantes.

La primera expedición enviada a Arabia, en 1762, terminó en una catástrofe, pero su único sobreviviente, Carsten Niebuhr, salvó las copias de muchas inscripciones anteriores a los períodos preislámicos.

La escritura de esas inscripciones, entonces llamada himiarita, fue descifrada en 1841 por Gesenius y Rödiger, y desde entonces se ha enriquecido mucho nuestro conocimiento de la historia y cultura de la antigua Arabia.

Joseph Halévy trajo consigo unas 600 inscripciones más y Edward Glaser entre 1882 y 1894 consiguió añadir otro millar. Debido a otras adiciones, el número de inscripciones arábigas preislámicas conocidas ha llegado a más de 5.000.

Aunque los textos existentes no van más allá del siglo VIII AC, son de gran importancia para el estudiante del texto hebreo del Antiguo Testamento pues contienen muchas palabras bíblicas y aclaran conceptos religiosos expresados en la Biblia.

La primera excavación en suelo árabe se efectuó en 1928 con pobres resultados, pero en 1950 -bajo la dirección de Wendell Phillips con W. F. Albright como arqueólogo - comenzaron excavaciones en Qatabán al sur de Arabia.

En 1951, Wendell Phillips, con un equipo de hábiles especialistas, comenzó excavaciones en Marib, Yemen, la ciudad que se cree que era la capital de la reina de Sabá, famosa por su visita al rey Salomón.

Marib había sido una ciudad prohibida por mucho tiempo y antes de 1951 había sido visitada por un número menor de occidentales que La Meca.

Sabiendo que en Marib había impresionantes ruinas de antiguos edificios, por mucho tiempo el mundo de los eruditos había esperado examinar ese lugar científicamente. Por lo tanto, fue grande el gozo cuando se concedió permiso para comenzar excavaciones en la capital de la reina de Sabá, donde podían esperarse importantes descubrimientos arqueológicos.

Desgraciadamente, en febrero de 1952, la hostilidad de los gobernantes locales obligó a una rápida retirada.

Sin embargo, la corta campaña fue fructífera. Se lograron copias de muchas inscripciones y nos ha dado una buena reconstrucción y cuadros del antiguo templo de la diosa luna.

Los informes preliminares de esta excavación han despertado el apetito de cada estudiante de historia antigua, y tan sólo se espera que la obra interrumpida pueda reiniciarse en el futuro cercano.