5.09. Redescubriendo gobernantes mencionados en la Biblia

El cautiverio babilonio del joven rey Joaquín es testificado por una cantidad de recibos, aparentemente faltos de interés, procedentes de Babilonia, la ciudad capital del imperio de Nabucodonosor.

Esas tablillas sencillamente consignan que el rey y sus hijos recibían sus raciones de aceite de los almacenes del palacio. Muchos otros textos proyectan luz sobre los acontecimientos del período durante el cual los judíos estuvieron en cautiverio y después de la restauración.

Durante la última guerra mundial se halló en el Museo de Berlín una tablilla cuyo examen demostró que menciona a Mardoqueo, encumbrado dignatario de la corte de Jerjes en la ciudad de Susa. Así resultó evidente que el libro de Ester contiene un relato que no es ficticio sino que trata de personajes y hechos históricos.

Aun documentos de negocios privados, faltos de interés, iluminan los relatos bíblicos.

De Nippur procede una colección de documentos de contabilidad de una gran firma comercial, la de los Hijos de Murashu, que muestra que la firma tenía un trato amplio con los judíos. Entre ellos aparecen muchos que habían recibido honores y riquezas durante el gobierno de los reyes persas. Esto ilustra claramente la exactitud del registro bíblico que presenta el mismo cuadro en cuanto a las riquezas y honores de muchos judíos durante el exilio.

Los ejemplos ya mencionados de descubrimientos que proyectan luz sobre la Biblia son sólo fragmentos del cúmulo de materiales mesopotámicos que nuevamente tornan de interés actual a la Biblia.

Casi todos los gobernantes asirios, babilonios o persas mencionados en la Biblia han sido redescubiertos en documentos contemporáneos, de modo que estamos bien informados acerca de su historia. Por ejemplo, tenemos inscripciones de reyes como Salmanasar y Tiglat-pileser, Nabucodonosor, Belsasar - perdidos durante mucho tiempo -, Ciro y Darío el Grande, Jerjes y muchos otros.

Aun signatarios cuyos nombres son dados en la Biblia, tales como Nabuzaradán (2 Reyes 25:8) o Nergal-sarezer (Jeremías 39:3), se encuentran en los documentos oficiales de su tiempo.