7.02. La arqueología de Palestina y la Biblia - II

Las ruinas de Palestina también han proporcionado mucho material que proyecta luz sobre las prácticas religiosas de los antiguos cananeos.

Se han descubierto templos en varios lugares, de los cuales los más importantes son los de Meguido, Bet-san y Laquis.

En Gezer se encontró un primoroso alto, con la cueva de un oráculo debajo de él. Son de gran valor instructivo la hilera de columnas sagradas, objetos de culto que se ordenaba a los israelitas que destruyeran, los altares y todos los otros atavíos necesarios de los lugares de culto de los cananeos. Así también lo son los altares privados, los incensarios, restos de sacrificios, huellas de culto a serpientes, sacrificios de niños y otras prácticas abominables.

Las excavaciones de muchos lugares también han mostrado que son correctas muchas declaraciones históricas encontradas en la Biblia.

Ya hemos mencionado las ruinas de los establos de Salomón en Meguido (otros establos se han encontrado en Tell el-Hesi y Taanac), de su centro para refinar el cobre en Ezión-geber, de las placas de marfil de Acab y del acueducto de Ezequías.

Los numerosos fragmentos de alfarería con inscripciones, provenientes del almacén real de Samaria, juegan un papel importante en la confirmación de las Sagradas Escrituras.

Los muchos nombres personales de los sencillos comprobantes de impuestos revelan la mezcla del culto de Baal con la verdadera religión de Israel en el templo de Acab.

Entre ellos, hallamos nombres bien conocidos como: Abibaal, Baalzamar, Baalzakar Baalmeón, Meribaal y Baala; éstos son unos pocos ejemplos de nombres relacionados con Baal.

Nombres que contienen abreviaturas de Jehová, el nombre divino, son: Jedaías, Joiada, Semarias y otros.

Estos nombres personales son una indicación de las condiciones religiosas prevalecientes en tiempo de Acab, cuando Elías luchó tanto contra el culto de Baal. Pero también muestran la verdad de la declaración divina hecha a Elías: que muchos no habían doblado sus rodillas ante Baal (1 Reyes 19:18), cuando Elías pensaba que era el único verdadero adorador de Dios que quedaba.

Sin embargo, estos fragmentos de alfarería de Samaria muestran que todavía había tantos padres que daban a sus hijos nombres relacionados con Jehová como los había que daban a sus hijos nombres de Baal.

Por otro lado, las 21 cartas de Laquis son de un tiempo posterior a la reforma del rey Josías de Judá. Contienen muchos nombres personales de quienes vivieron en los últimos meses de la existencia de Judá y, como los recibos de impuestos de Samaria, aclaran las condiciones religiosas prevalecientes en el tiempo cuando fueron dados esos nombres, puesto que el significado de la mayoría de los nombres personales hebreos refleja los sentimientos religiosos de quienes los pusieron.

La gran mayoría de esos nombres están relacionados con Jehová, como lo ilustra la última parte del nombre de Jeremías. Muestran claramente la influencia de la reforma de Josías, cuando fue raída la idolatría y todos los dioses paganos fueron eliminados del país.

Ninguno de los hombres mencionados en las cartas de Laquis lleva un nombre relacionado con Baal u otra deidad extranjera. En esos documentos sólo se hallan los nombres del verdadero Dios de Judá: Elohim y Jehová. Mediante este material arqueológico, la Tierra Santa ha hecho una importante contribución para establecer que la Biblia es fidedigna.

En los tiempos antiguos, Palestina fue la tierra en la cual se realizó la mayoría de la historia descrita en el Antiguo Testamento, y ahora proporciona las pruebas por las cuales pueden acallarse las bocas de los incrédulos, críticos y los que dudan.