14.01. Esposa estéril da su sierva al esposo

Todo estudiante de la Biblia recuerda la historia del patriarca Abrahán, quién, aunque estaba casado com Sara por muchos años, había abandonado toda esperanza de ser padre. Aunque Dios repetidamente le prometió a Abrahán bendecir su descendencia, el hijo no llegaba a su hogar. Finalmente Sara, desesperada por ser madre, dio a su sierva egipcia, Agar, a su esposo, para que tuviera hijos por medio de la esclava (Génesis 16: 1-4).

La misma extraña costumbre se repitió en el caso de Jacob. Raquel, una de sus esposas, que creía ser estéril, dio su sierva a su esposo Jacob para obtener un hijo por medio de ella. Y Lea, la hermana de Raquel, siguió entonces el ejemplo de su hermana e hizo lo mismo (Génesis 30: 1-13). En ninguna otra parte encontramos de nuevo esta costumbre en la Biblia, costumbre que aparentemente se practicó únicamente durante la época patriarcal.

En cambio, los registros cuneiformes sí muestran un panorama similar. Mencionan que esta rara costumbre fue practicada entre los habitantes de Mesopotamia únicamente en el período patriarcal. El Código de Hammurabi contiene algunas leyes que tienen que ver con esta costumbre. Se decreta aquí que si una esposa es esteril, y da su joven sierva a su esposo para obtener un hijo por medio de ella, al esposo no le está permitido casarse con otra mujer. También contien provisiones legales con respecto a la joven sierva que llega a ser madre en esta forma e en relación con el estado legal de sus hijos. ¹

Los textos de Nuzi señalan casos particulares de esta práctica. Un contrato matrimonial entre um hombre llamado Shennima y su prometida Kelim-ninu, sirve de ejemplo. En este contrato puede leerse el siguiente párrafo: “Si Kelim-ninu tiene (hijos), Shennima no tomará otra esposa; pero si Kelim-ninu no lleva (hijos), Kelim-ninu adquirirá una mujer de la tierra de Lullu como esposa para Shennima, y Kelim-ninu no podrá echar a los hijos”. ²

Este texto muestra claramente que era deber de la esposa estéril proveer a su esposo de una segunda esposa, generalmente una esclava, para levantar descendencia; y explica, al mismo tiempo, por que Sara, Raquel y Lea pensaron que no era más que natural y acostumbrado pedirle a sus esposos que tuvieran hijos con sus siervas.

A través de los siglos los hombres han tomado concubinas o tenido otras relaciones extramaritales y producido hijos en esta manera; pero no tenemos evidencia de ningún otro período de la historia antigua de que una esposa estéril estaba obligada –por la ley y la costumbre– a asegurarle a su marido un segunda esposa, a fin de que la familia no quedara sin hijos.

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¹ T. J. Meek, Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, p. 172, Laws Nº 144, 146.

² Id. p. 220.