EL DIOS QUE YO CONOZCO
14.05. Regalo de bodas: una sierva
14.04. Los derechos de herencia
14.03. Adoptando un heredero
Abrahán ciertamente tenía esto en mente cuando, careciendo de hijos, se quejó a Dios de que probablemente Eliezer, el damasceno, un esclavo nacido en su casa, sería su futuro heredero:
¹ C. H. Gordon, "Biblical Customs and the Nuzi Tablets", The Biblical Archaeologist, vol. 3 (1940), p. 2.
14.02. Dijo Dios a Abraham: No te parezca grave
"Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual ésta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo. Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente. Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba" (Génesis 21: 9-14).
El Código de Hammurabi también ayuda a entender por qué Abrahán estaba renuente a despedir a Agar, la sierva de su señora, después que ésta dio a luz a Ismael, aunque Agar se tornó orgullosa y altiva con su ama Sara.
De acuerdo con el Código de Hammurabi, tal mujer podía ser castigada y tratada como cualquier esclava ordinaria, pero no podía ser despedida de la casa de su señor.¹
Por esta razón se hizo necesario un mandato específico de Dios para que Abrahán accediera a los deseos de su señora y actuara contra las costumbres legales de su tiempo.
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¹ T. J. Meek, Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, p. 172, Law Nº 146.
14.01. Esposa estéril da su sierva al esposo
Todo estudiante de la Biblia recuerda la historia del patriarca Abrahán, quién, aunque estaba casado com Sara por muchos años, había abandonado toda esperanza de ser padre. Aunque Dios repetidamente le prometió a Abrahán bendecir su descendencia, el hijo no llegaba a su hogar. Finalmente Sara, desesperada por ser madre, dio a su sierva egipcia, Agar, a su esposo, para que tuviera hijos por medio de la esclava (Génesis 16: 1-4).
La misma extraña costumbre se repitió en el caso de Jacob. Raquel, una de sus esposas, que creía ser estéril, dio su sierva a su esposo Jacob para obtener un hijo por medio de ella. Y Lea, la hermana de Raquel, siguió entonces el ejemplo de su hermana e hizo lo mismo (Génesis 30: 1-13). En ninguna otra parte encontramos de nuevo esta costumbre en la Biblia, costumbre que aparentemente se practicó únicamente durante la época patriarcal.
En cambio, los registros cuneiformes sí muestran un panorama similar. Mencionan que esta rara costumbre fue practicada entre los habitantes de Mesopotamia únicamente en el período patriarcal. El Código de Hammurabi contiene algunas leyes que tienen que ver con esta costumbre. Se decreta aquí que si una esposa es esteril, y da su joven sierva a su esposo para obtener un hijo por medio de ella, al esposo no le está permitido casarse con otra mujer. También contien provisiones legales con respecto a la joven sierva que llega a ser madre en esta forma e en relación con el estado legal de sus hijos. ¹
Los textos de Nuzi señalan casos particulares de esta práctica. Un contrato matrimonial entre um hombre llamado Shennima y su prometida Kelim-ninu, sirve de ejemplo. En este contrato puede leerse el siguiente párrafo: “Si Kelim-ninu tiene (hijos), Shennima no tomará otra esposa; pero si Kelim-ninu no lleva (hijos), Kelim-ninu adquirirá una mujer de la tierra de Lullu como esposa para Shennima, y Kelim-ninu no podrá echar a los hijos”. ²
Este texto muestra claramente que era deber de la esposa estéril proveer a su esposo de una segunda esposa, generalmente una esclava, para levantar descendencia; y explica, al mismo tiempo, por que Sara, Raquel y Lea pensaron que no era más que natural y acostumbrado pedirle a sus esposos que tuvieran hijos con sus siervas.
A través de los siglos los hombres han tomado concubinas o tenido otras relaciones extramaritales y producido hijos en esta manera; pero no tenemos evidencia de ningún otro período de la historia antigua de que una esposa estéril estaba obligada –por la ley y la costumbre– a asegurarle a su marido un segunda esposa, a fin de que la familia no quedara sin hijos.
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¹ T. J. Meek, Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, p. 172, Laws Nº 144, 146.
² Id. p. 220.
13.04. Más evidencias de la historicidad de los patriarcas hebreos
Los descubrimientos no cesaron después de los hallazgos de Nuzi. Tres códigos, más antiguos que el de Hammurabi, fueron desenterrados posteriormente.
Estos códigos y textos, de una naturaleza enteramente diferente han iluminado muchos detalles que se encuentran en las narraciones patriarcales, según el libro de Génesis, y han rellenado muchas lagunas en nuestro conocimiento de ese periodo histórico.
Las investigaciones arqueológicas y topográficas llevadas a cabo por Albright y Nelson Glueck, en la Trasjordania, y por Glueck, en el desierto del Neguev, en Israel, también arrojaron evidencia en cuanto a la historicidad de los patriarcas hebreos.
Todo este material en conjunto ha creado una nueva atmósfera entre los historiadores del Antiguo Testamento.
Con excepción de unos pocos eruditos reaccionarios – entre los más viejos, por cierto -, apenas si hay algún historiador bíblico que se atreva a negar por más tiempo la historicidad esencial de las narraciones patriarcales.
G. Ernest Wright, de la Universidad de Harvard, sintetizó la evidencia disponible, y llegó a las siguientes conclusiones:
“Probablemente nunca podremos comprobar que Abrahán realmente existió, que hizo esto o aquello, o que habló en esta forma o en otra; pero lo que sí podemos comprobar es que su vida y su tiempo, como se reflejan en la narración acerca de él, encuadran perfectamente dentro del segundo milenio a. C., pero imperfectamente dentro de cualquier periodo posterior. Esta es una conclusión básica, y una de las contribuciones más importantes que la arqueología haya hecho al estudio del Antiguo Testamento durante las últimas cuatro décadas”.*
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* G. Ernest Wright, Biblical Archaeology (edic. revisada, Filadelfia, 1962), p. 40.
13.03. Los textos de Nuzi y las costumbres de los patriarcas
Otro descubrimiento importante de gran ayuda en la rehabilitación histórica de los patriarcas fue la excavación de Nuzi, un lugar pequeño y antiguo en el norte de Irak.
Allí se descubrieron muchos textos cuneiformes escritos durante el periodo patriarcal. Estos textos confirman, en primer lugar, las conclusiones sacadas del estudio del Código de Hannurabi, respecto a las condiciones sociales y legales que prevalecieron en el tiempo de los patriarcas.
Un estudio de dichos textos revela que las costumbres del periodo patriarcal no encajan en ningun otro periodo de la historia antigua.
El profesor W. F. Albright, conocido arqueólogo de la Universidad Johns Hopkins, pudo, por lo tanto, decir en 1950, que los textos de Nuzi han “iluminado tan brillantemente muchos detalles de las narraciones patriarcales, que éstas no se acomodan en absoluto en una tradición postmosaica”, que ya no podemos negar por más tiempo “la historicidad sustancial de la tradición de los patriarcas”.
También afirma que “el panorama de Génesis es completamente histórico, y no hay razón para dudar de la exactitud general de los detalles biográficos y de los esbozos personales, los cuales hacen que los patriarcas adquieran vida con un realismo ajeno a un simple carácter extrabíblico en toda la vasta literatura del Cercano Oriente”. *
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* W. F. Albright, The Biblical Period From Abraham to Ezra (edic. revisada, Nueva York, 1963), p. 5.
13.02. El orden de las letras del alfabeto hebreo - 3500 años
En realidad, algunas de estas tablillas escritas en el siglo XIV a. C. tenían el propósito de ayudar a los escribas a aprender de memoria las letras en el orden correcto.
Para el gran asombro de los arqueólogos, se descubrió que la secuencia de estas letras era la misma que la de los modernos caracteres hebreos. Por lo tanto, sabemos ahora que el orden de las letras del alfabeto hebreo tiene por lo menos 3.500 años de antigüedad: ¡un descubrimiento bastante asombroso!*
Los descubrimientos de todos estos textos antiguos, y su desciframiento, han revelado que por lo menos se usaron dos tipos de escritura alfabética en Siria y Palestina que eran tan antiguas como el periodo patriarcal. También han revelado que estas escrituras fueron bastante utilizadas, y que las letras individuales fueron memorizadas hace unos 3.500 años en una secuencia que no ha sido alterada hasta hoy.
Estos descubrimientos han refutado completamente el argumento de la alta crítica de que la falta de escritura alfabética en el segundo milenio antes de Cristo era una prueba suficiente de que las historias patriarcales no podían haber sido escritas en ese tiempo.
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* W. F. Albright, “Some Important Recent Discoveries: Alphabetic Origins and the Idrimi Statue”, Bulletin of the American School of Oriental Research, nº 118 (abril 1950), pp. 12-14; “The Origin of the Alphabet an the Ugaritic ABC Again” nº 119 (oct. 1950), pp. 23-24; E. A. Speiser, "A Note on Alphabetic Origins”, Bulletin of the American School of Oriental Research, nº 121 (febrero, 1951), pp. 17-21.
13.01. Los inventores del alfabeto
Este era el estado del conocimiento histórico de la época patriarcal que existía cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Durante esa gran conflagración, el gran egiptólogo Alan H. Gardiner descifró las inscripciones en piedra, descubiertas cerca del monte Sinaí diez años antes. Gardiner halló que estas inscripciones, producidas en los primeros años del segundo milenio a. C. habían sido escritas por semitas, y constituían el más antiguo texto alfabético en existencia.
Este descubrimiento – que marcó época – mostraba sin duda que la invención del alfabeto escrito había tenido lugar muchos siglos antes de lo que se había creído. Además, estas inscripciones revelaron que no habían sido los antiguos fenicios los inventores del alfabeto, sino los cananeos del sur de Palestina, quienes trabajaban como mineros para los egipcios en las minas de cobre y turquesa de la península de Sinaí.
Desde este primer descubrimiento de documentos alfabéticos, han sido descubiertos muchos más textos en la misma escritura en el Sinaí y en la parte sur y central de Palestina, probandose así que la Escritura alfabética era ampliamente usada, por lo menos, desde el siglo XVI a. C. en adelante.**
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* Alfred Jeremias, The Old Testament in the Light of the Ancient East, (Nueva York, 1911), vol. 2, p. 45.
** W. F. Albright, The Proto-Sinaitic Inscriptions and Their Decipherment (Cambridge, Mass., EE.UU., 1966), pp. 1-9.
13.00. La resurrección histórica de los patriarcas - Introducción
Los patriarcas bíblicos fueron el blanco de ataque preferido de los críticos durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Una de las muchas razones para criticar tan intensamente a los patriarcas era la falta de conocimiento histórico con respecto al segundo milenio antes de Cristo.
Se conocía muy poco acerca de las condiciones políticas, sociales y culturales en las cuales vivió la gente de la primera mitad del segundo milenio a. C., la época patriarcal.
Más aún, no había evidencia alguna de que hubiera existido la escritura alfabética en ese tiempo, por cuya razón se creía que todas las historias relacionadas con los patriarcas habían pasado oralmente de una generación a otra, por muchos siglos, antes de que fueran escritas. Se pensaba que en esta transmisión las narraciones habían sido adornadas y cambiadas en tal forma, que dificilmente podía reconocerse las figuras históricas originales.
Estos puntos de vista fueron sostenidos por la mayoría de los eruditos bíblicos reconocidos en Europa y America.
El sumo sacerdote de la alta crítica bíblica, Julius Wellhausen (1844- 1918), escribió que era imposible obtener cualquier información histórica relacionada con los patriarcas de las narraciones bíblicas.
Estaba completamente convencido de que las historias patriarcales habían sido escritas en una época posterior, cuyas condiciones se habían “proyectado hacia atrás, sobre una remota antigüedad”, y que por lo tanto reflejaban las condiciones posteriores “como un espejismo transfigurado”.
Wellhausen y sus seguidores estaban tan seguros de la solidez de sus argumentos, que el primero afirmó en una de sus declaraciones, que si la tradición israelita relativa a los patriarcas “fuera únicamente posible, sería una locura preferir cualquier otra posibilidad”.*
Los años que han transcurrido desde entonces han contemplado grandes cambios con respecto a nuestro conocimiento histórico, cultural y religioso, especialmente en lo que concierne al periodo patriarcal.
La primera gran revelación sobrevino cuando fue descubierto el famoso Codigo de Hammurabi en el invierno de 1901-1902. Aquí se pueden captar las condiciones sociales que prevalecían durante la primera mitad del segundo milenio a. C., época que, hasta este descubrimiento, era conocida únicamente por las historias bíblicas de los patriarcas.
El resultado de este hallazgo fue que numerosos y honestos eruditos admitieron que las historias de los patriarcas contenían muchos más datos históricos de los que nadie había estado dispuesto a aceptar.
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* Julius Wellhausen, Die Composition des Hexateuchs und der historischen Bücher des Alten Testaments (4º edic., Berlin, 1963), p. 347.
12.15. Resumen
Sin embargo, contienen algunos recuerdos vagos del conocimiento de estos primeros sucesos, como puede verse por los breves ejemplos presentados. Tampoco se hace mención de las historias de Babilonia y Egipto acerca de la creación, las cuales muestran en algunas partes una remota similaridad con la narración bíblica de la creación.
Además los registros citados no dicen nada acerca de la gran longevidad de los antediluvianos, ni que inventaran la metalurgia, construyeron ciudades y comenzaran a vivir en comunidades, tal como aparece en los primeros capítulos del Génesis.
Sin embargo, se ha citado lo suficiente como para mostrar que los antiguos tenían algún conocimiento vago de las condiciones dichosas del paraiso perdido, que conocían algo acerca de la entrada del pecado en el mundo y estaban profundamente conscientes de su condición pecaminosa, deseando al mismo tiempo salir de alguna manera de esta deplorable condición de enfermedad, desgracia y muerte, y que tenían una tradición muy arraigada en el cataclismo prehistórico del diluvio.
